Mucha gente me pregunta por dónde empezar a entender lo que James Alexander Smith narró en El Último Libro de Papel. La respuesta está aquí.
Esta no es una historia común; considérela más bien como un preludio necesario. Lo que Luca Sposito y Heron Robledo organizaron en estas páginas es el registro de un sistema que comenzó a operar silenciosamente, cambiando la forma en que se cuentan las historias y, principalmente, cómo se plantan las ideas en nuestra cabeza.
Acompañamos la trayectoria de una escritora que se da cuenta, demasiado tarde, de que el cerco se está cerrando. No hay grandes explosiones ni villanos de caricatura. Lo que existe es una estructura invisible, una especie de engranaje que busca estandarizar todo lo que pensamos y escribimos. Es esa sensación incómoda de que algo está dictando el ritmo, pero no puedes señalar con el dedo de dónde viene el mando.
Rescatamos aquí aquel estilo de narrativa que parece haber desaparecido de las librerías: enfocado en el puro entretenimiento, pero que te deja con una duda persistente en cada capítulo. Si sientes que la literatura de hoy parece toda igual, este protocolo te explicará por qué.