Mi madre está parada en la fila del queso del gobierno con una lata de cerveza en una bolsa de papel, bebiendo con una pajita. Yo tengo unos seis años, parado a su lado, y me acuerdo de que pensaba que se veía normal. Como todos los demás en esa fila.
De eso se trataba.
"Si está en una bolsa con una pajita," me decía, "la gente piensa que es una Pepsi."
Ese es el mundo en el que nació Angel Cordero. Su padre era un asesino convicto que bebía y después se volvía contra la familia. Su madre tenía dieciséis años cuando se casó con él y nunca encontró la salida. Sus hermanos eran lo único que hacía que todo aquello se pudiera sobrevivir.
Quédate abajo es la historia verdadera de esa infancia, contada sin suavizar y sin excusas. Un gallo criado como mascota hasta el día en que dejó de serlo. Un tubo debajo de la cama y un plan que un niño de diez años creyó que iba a funcionar. Un hermano gentil que amaba a cada animal callejero que encontraba. La voz de un padre diciéndole a un niño golpeado que se quedara abajo: palabras de las que tardó décadas en salir.
Ninguna mansión al final. Algo mejor. Una vida. Una de verdad. Una donde nadie le pega a nadie, la calefacción funciona y hay comida en la casa.