William es un viudo solitario con una niña a cargo...
Sonia, su pequeña hija quien dejó de hablar a partir del día en que su madre falleció de cáncer.
Oliver, un ángel de cuatro patas que llegó para cambiar la vida de todos...
Y cuando menos lo imaginaban, el hombre sin pasado apareció de la nada, ganándose inmediatamente un lugar en el corazón de la pequeña familia.
-Te llamaré Misterio-fue la primera palabra que la niña soltó luego de tantos meses de mantener un obstinado silencio.
-Me gusta ese nombre. "Misterio" suena bien -sonrió este satisfecho.
-¿Te quedarás para siempre con nosotros?-insistió la chica.
-Si tú me lo pides, te prometo que jamás marcharé.
-Bravo -aplaudió Sonia sin percatarse de la brillante mirada de su padre, preocupado porque el hombre no pudiera cumplir su promesa si llegaba a recordar que tenía otra vida a la cual regresar.
-¿Quién eres realmente, Misterio?-se preguntó William al ver el creciente afecto que su hija demostraba por el desconocido. Un sentimiento tan fuerte, como el que presentía ,estaba naciendo en su propio corazón.