A veces una sola cosa que ocurra, cambia el universo por completo. No sabemos cómo en un momento estamos inmersos en un paraíso y al siguiente, caímos directo al abismo de las vicisitudes. El alma llena de tribulaciones te hace dar vueltas en un abismo negro. Tan negro como un cuervo que acecha todos tus pasos y se burla de ti en soledad.
Lo que antes era gozo y placer ya no está. En su lugar, las paredes se llenan de penumbras.
La lucha con el Dragón Interior. Trabajar, a pesar del dolor y la pena. Tratar de ponerte de pie. Arrastrar tu humanidad, a pesar de sentir que ya no llevas más que las ideas estrujadas y el corazón a rastras. Esparciendo el polvo del camino y las piedras que se reúnen para hacerte caer. Un suspiro y guardar el oxígeno del mundo que a estas alturas desgarra más que una lanza de guerreros de jade. Es hora de abrir paso a través de la niebla, guardar el equilibrio y buscar en el horizonte el momento exacto para exhalar el monóxido de carbono, el que a estas alturas ya está quemando el interior de tus pulmones.
¿Cómo te levantas?
¿A quién llamas?
¿Quién te socorre en esos momentos?
Es hora de medir fuerzas y preparar la batalla. El Dragón interno está atento y no dejará pasar ningún error....
Depende de ti.