En el corazón de la Zona-78, bajo treinta y seis mil toneladas de acero y hormigón, duerme algo que la ciencia una vez consideró imposible. Hace cuarenta y seis años, Múrmansk-320 se congeló en un instante, dejando atrás nada más que silencio y muerte invisible. Pero para el físico Alexander Boll, ese silencio está repleto de voces.
Él ha descubierto los "Imprints" (Improntas): rastros cuánticos de aquellos que no lograron salir. No son fantasmas. Son momentos congelados de amor, deber y suspiros finales, grabados en el tejido mismo de la realidad por la radiación circundante.
A medida que la frontera entre el pasado y el presente comienza a desdibujarse, Alexander debe decidir: dejar a los muertos en su momento eterno o permitir que sus voces resuenen en todo el mundo, arriesgando su propia realidad en el proceso.