La lectura de la obra de Blaise Pascal nunca deja indi¡ferente. Como advirtió Miguel de Unamuno, hay tantos Paséales como personas que ôal leerle le sienten y no se limitan a comprenderleö. Cumplido el cuarto centenario de su nacimiento (1623-1662), sorprende la amplitud de sus intereses y la audacia de sus descubrimientos cien¡tíficos. No es fácil comprender a un matemático místico. Pascal afrontó los problemas y los enigmas como retos, y contribuyó a deslindar los terrenos propios de la ciencia y de la religión. A su juicio, solo el funcionamiento armo¡nioso de la razón y del corazón, del espíritu geométrico y del espíritu de finura, conducen a una sabiduría humana. Como filósofo cuestionó aquello que creíamos saber. Pensó por antítesis y exploró la ambivalencia y las con¡tradicciones de la condición humana hasta la hipérbole: ôel hombre es un monstruo incomprensibleö (L. 130). In¡clemente, irónico o trágico, en su descripción de la locura del mundo, de la corrupción y del egoísmo generalizado, sus Pensamientos incitan a buscar el sentido de la exis¡tencia y a orientar la conducta moral.